La vida florece en lo inesperado

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Estoy segura de que ni en nuestras peores pesadillas, imaginamos que algo como lo que hoy estamos viviendo se podría hacer realidad.

Pues bueno, pareciera que nos llegó el día. Hipótesis de la génesis de esta situación creo que las hemos leído y escuchado todas, ya las redes sociales y la televisión se han encargado de hacer su trabajo -comunicar- trayéndonos toda clase de historias y “noticias”. Entre las cosas que hemos escuchado, seguramente se destacan algunas como que fue la irresponsabilidad del hombre por alimentarse de animales salvajes; o que es una estrategia de las grande potencias del mundo para tener el poder político y económico total, lucha entre las economías más fuertes y grandes a nivel mundial; o hemos visto y escuchado monjes que nos alertan de la catástrofe, pastores y sacerdotes indicándonos lo que dicen las escrituras respecto a lo afortunados que seremos de vivir el cumplimiento de las profecías del fin, entre otras más. Todos estos mensajes me atemorizan, me quitan la tranquilidad. Hay días que no logro entender y saber cuál es la verdad, y solo ver las estadísticas de contagios y muertes me abruma en su totalidad.

Sin embargo, hoy tomé una decisión. Soy consciente de que está bien no sentirme bien, de que está bien tener miedo y de que está bien que no todos los días sean igual de buenos, pero lo que no está bien y decidí no permitir, es no hacer nada para trabajar por mí y mi salud mental.  Hoy decidí que no me atormentaré buscando una “verdad”, simplemente quiero reconocer esta nueva realidad, entender como la he vivido y aprender a vivirla mejor.

                                                                                       Fuente: Pinterest

En algún momento de este resguardo te has llegado a preguntar ¿por qué hoy estas en ese lugar? ¿por qué tu cuarentena la estás viviendo con familia o amigos o pareja? O ¿tal vez por qué estás solo? ¿Será qué te debías encontrar? Cada uno lo sabe y yo les cuento que estoy con mi familia, y creo que no fue casualidad, pues entendí el rol y el aporte que represento en las personas que me acompañan por este tiempo, y que tal vez en mi vida pasada de correrías por no sé qué, las había dejado de priorizar.

En los primeros días del aislamiento llegó el momento de adaptación, de reconocerme y encontrarme con el espacio en el que estaba, de optimizarlo y organizarlo, de limitarlo y respetarlo para mi convivencia con los demás, y no sólo eso, no sé cómo les fue a ustedes, pero llegaron aún más momentos de “tensión”, dado que me rehusaba a cambiar, no estaba de acuerdo con ajustar mis rutinas y dejar cosas atrás.

El cambio fue inevitable, algo imprevisible, inimaginable me quitó las razones, me cambió mi mundo y el mundo, y llegaban los días más densos y pesados, en los que cuestionaba si hice las cosas bien, si ahorré y maneje mis recursos como se debía y si estos me soportarían en el ahora; si acompañé y estuve como debía estarlo con las personas que tenía cerca, pues recordaba las veces que no me permití compartir momentos de alegría con mis compañeros de oficina cuando invitaban un café, o cuándo las invitaciones de mi abuela y tíos podían esperar porque el próximo fin de semana fijo sacaría el tiempo para visitar. Pues es real, que uno no maneja está vida, no sabemos cuándo puede ser el último día, lo que pensábamos normal ya no está, y ahora lo añoro.

Y seguí con mi terquedad de ocuparme, de incluir el ejercicio que siempre me prometía y no me cumplía, en decorar mi cuarto como siempre lo soñé, en hacer mi huerta, en trabajar y en crear más fuentes de ingresos, pero esto es un tanto de lo mismo, de hacer y hacer cosas que me distraen de pensar en lo importante, en no hacer ese “PARE” como realmente lo debo hacer y el cual la naturaleza nos lo pedía a gritos y nos está mostrando sus beneficios.

Se preguntarán, ¿qué es lo verdaderamente importante? Y creo que la respuesta es sencilla, es recordar lo que verdaderamente es vivir, es disfrutar y agradecer por las maravillas de tener un día más, respirar, disfrutar y cuidar nuestro cuerpo, templo de sentidos que nos lleva a degustar de todos los placeres. Es el privilegio de tener una mente que nos lleva a pensar y un corazón que nos permite sentir cosas agradables y desagradables, conexión que nos impulsa y nos da la fuerza para volver a florecer.

 

Laura Milena Ayala

Cofundadora – ConSentido.

 

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