Vivir ConSentido

Hace poco leí un post de “paz mi pez” que nos invitaba a pensar en una palabra que nos diera fuerza. Sin mucho pensarlo, mi palabra fue ConSentido… y es que esta palabra se ha vuelto tan poderosa para nosotras(Lau y yo) que no solo es el nombre de nuestro proyecto, sino que se ha convertido en un estilo de vida, – Vivir ConSentido-.

¿Qué será vivir ConSentido? Pues bueno… para mi, vivir ConSentido es levantarnos con un propósito de vida. Agradecer por lo que nos rodea y dar todos los días un paso adicional hacia esa persona que queremos ser. Los cambios toman tiempo, pero en estos meses más que nunca, he aprendido que cada paso cuenta, y que sentir que uno está haciendo las cosas bien para convertirse en ese ser con el que soñamos, es vivir ConSentido.

Hoy quiero invitarlos a que recuerden esta palabra y la adopten en su estilo de vida. El sentido que tiene nuestra existencia puede no ser el mismo para todo el mundo, pero vale la pena pensar en por qué estamos acá, por qué hacemos lo que hacemos y hacia donde queremos ir.

Hoy queremos invitarlos a vivir una vida con amor, con confianza, con gratitud, con esperanza, hoy queremos invitarlos a vivir una vida ConSentido.

(Des) amor y Cuarentena

Qué difícil es cambiar, ¿no? Qué difícil es desacostumbrarnos de lo “normal” y acostumbrarnos a un nuevo estilo de vida. Qué difícil es aceptar que las cosas ahora son diferentes y que tal vez no vuelvan a ser iguales. Porque parecido a como pasa cuando el amor se va, las cosas nunca vuelven a ser como antes. 

 

Estoy absolutamente convencida de que el amor es el sentimiento más lindo, más puro y transparente que existe en el mundo. Y no me refiero sólo al amor de pareja, me refiero a ese sentimiento como un todo, al amor por la familia, por los hijos, por la vida, por el aire y por el paisaje que en estos últimos días se nos ha vuelto tan escaso. Pero, así como es el sentimiento más lindo y puro, también es un sentimiento difícil, que nos hace llorar y nos hace extrañar momentos que pensamos que serían eternos. 

Cuando el amor cambia y deja de ser como solía ser, un sentimiento de ansiedad y angustia nos recorre el cuerpo y nos hace pensar que nunca podremos salir adelante, que jamás encontraremos una persona que nos haga sentir lo mismo o con la que podamos compartir momentos tan lindos como los que recordamos. Cuando el Covid llegó y nos encerró en nuestras casas, algo muy parecido pasó. Un sentimiento de ansiedad y angustia nos recorrió el cuerpo por no saber cuánto duraría, los planes de muchos seguramente cambiaron y empezamos a extrañar momentos que pensamos que nunca nos faltarían. Y entonces, al igual que en el amor, empezamos a pensar qué cosas hubiéramos podido hacer diferentes. Pero ¿saben qué creo? Que la respuesta es ¡NADA! Nada hubiéramos podido hacer diferente antes, porque antes no éramos conscientes de que estas cosas podían pasar. Porque al igual que en el amor, si fuéramos conscientes de que todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene una consecuencia, seguramente varias de nuestras acciones serían diferentes.

 

Entonces… nos tocó seguir, adaptarnos y aprender que las cosas cambiaron. Que las cosas ya no son como antes y que desgastarnos en pensar una y otra vez en qué pasó, no nos aporta nada. Simplemente ya no son y punto. En el amor y en el aislamiento siempre tendremos dos opciones: 1. O nos echamos a la pena porque lo que creíamos eterno no lo es, o 2. Seguimos adelante con la cabeza arriba, optimistas de que cosas mejores llegarán porque aprendimos, porque somos conscientes y porque cada cosa que la vida nos muestra nos hace más fuertes y resilientes. Entonces… levantémonos, aceptemos este nuevo estilo de vida (temporal o no), conozcámonos un poquito más cada día y siempre seamos conscientes de que la felicidad requiere un esfuerzo intencional y de que siempre podremos volver a sentir amor.

 

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La vida florece en lo inesperado

Estoy segura de que ni en nuestras peores pesadillas, imaginamos que algo como lo que hoy estamos viviendo se podría hacer realidad.

Pues bueno, pareciera que nos llegó el día. Hipótesis de la génesis de esta situación creo que las hemos leído y escuchado todas, ya las redes sociales y la televisión se han encargado de hacer su trabajo -comunicar- trayéndonos toda clase de historias y “noticias”. Entre las cosas que hemos escuchado, seguramente se destacan algunas como que fue la irresponsabilidad del hombre por alimentarse de animales salvajes; o que es una estrategia de las grande potencias del mundo para tener el poder político y económico total, lucha entre las economías más fuertes y grandes a nivel mundial; o hemos visto y escuchado monjes que nos alertan de la catástrofe, pastores y sacerdotes indicándonos lo que dicen las escrituras respecto a lo afortunados que seremos de vivir el cumplimiento de las profecías del fin, entre otras más. Todos estos mensajes me atemorizan, me quitan la tranquilidad. Hay días que no logro entender y saber cuál es la verdad, y solo ver las estadísticas de contagios y muertes me abruma en su totalidad.

Sin embargo, hoy tomé una decisión. Soy consciente de que está bien no sentirme bien, de que está bien tener miedo y de que está bien que no todos los días sean igual de buenos, pero lo que no está bien y decidí no permitir, es no hacer nada para trabajar por mí y mi salud mental.  Hoy decidí que no me atormentaré buscando una “verdad”, simplemente quiero reconocer esta nueva realidad, entender como la he vivido y aprender a vivirla mejor.

                                                                                       Fuente: Pinterest

En algún momento de este resguardo te has llegado a preguntar ¿por qué hoy estas en ese lugar? ¿por qué tu cuarentena la estás viviendo con familia o amigos o pareja? O ¿tal vez por qué estás solo? ¿Será qué te debías encontrar? Cada uno lo sabe y yo les cuento que estoy con mi familia, y creo que no fue casualidad, pues entendí el rol y el aporte que represento en las personas que me acompañan por este tiempo, y que tal vez en mi vida pasada de correrías por no sé qué, las había dejado de priorizar.

En los primeros días del aislamiento llegó el momento de adaptación, de reconocerme y encontrarme con el espacio en el que estaba, de optimizarlo y organizarlo, de limitarlo y respetarlo para mi convivencia con los demás, y no sólo eso, no sé cómo les fue a ustedes, pero llegaron aún más momentos de “tensión”, dado que me rehusaba a cambiar, no estaba de acuerdo con ajustar mis rutinas y dejar cosas atrás.

El cambio fue inevitable, algo imprevisible, inimaginable me quitó las razones, me cambió mi mundo y el mundo, y llegaban los días más densos y pesados, en los que cuestionaba si hice las cosas bien, si ahorré y maneje mis recursos como se debía y si estos me soportarían en el ahora; si acompañé y estuve como debía estarlo con las personas que tenía cerca, pues recordaba las veces que no me permití compartir momentos de alegría con mis compañeros de oficina cuando invitaban un café, o cuándo las invitaciones de mi abuela y tíos podían esperar porque el próximo fin de semana fijo sacaría el tiempo para visitar. Pues es real, que uno no maneja está vida, no sabemos cuándo puede ser el último día, lo que pensábamos normal ya no está, y ahora lo añoro.

Y seguí con mi terquedad de ocuparme, de incluir el ejercicio que siempre me prometía y no me cumplía, en decorar mi cuarto como siempre lo soñé, en hacer mi huerta, en trabajar y en crear más fuentes de ingresos, pero esto es un tanto de lo mismo, de hacer y hacer cosas que me distraen de pensar en lo importante, en no hacer ese “PARE” como realmente lo debo hacer y el cual la naturaleza nos lo pedía a gritos y nos está mostrando sus beneficios.

Se preguntarán, ¿qué es lo verdaderamente importante? Y creo que la respuesta es sencilla, es recordar lo que verdaderamente es vivir, es disfrutar y agradecer por las maravillas de tener un día más, respirar, disfrutar y cuidar nuestro cuerpo, templo de sentidos que nos lleva a degustar de todos los placeres. Es el privilegio de tener una mente que nos lleva a pensar y un corazón que nos permite sentir cosas agradables y desagradables, conexión que nos impulsa y nos da la fuerza para volver a florecer.

 

Laura Milena Ayala

Cofundadora – ConSentido.

 

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¿Inteligencia emocional?

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Por qué ahora todo el mundo habla sobre inteligencia emocional, habilidades socioemocionales o habilidades blandas? ¿De qué trata y por qué lo hablan?

Nos enseñaron que tenemos que ser “inteligentes”. Nos enseñaron que, si somos los mejores en matemáticas, en biología o en geografía… “tendremos la vida arreglada”. Nos enseñaron que ser los más rápidos contestando una pregunta o resolviendo un problema matemático, nos llevaría a ser exitosos. Pero… ¿sí? ¿Será que es tan así?

¿Será que saber matemáticas nos hace buenas personas? ¿Será que sabernos de memoria las plantas qué hay en el país, nos permite controlar nuestro carácter? ¿Será que ser buenos en física, nos hace buenos con nosotros mismos? ¿Será que hablar sobre los planetas, nos ayuda a levantarnos de las dificultades? … la verdad, creemos que la respuesta es: NO. Más allá de todo eso, creemos que tenemos algo más importante y valioso que aprender. Tenemos que aprender de nosotros, de lo que somos y de lo que sentimos ¿Tú qué opinas?

La inteligencia emocional o habilidades Socioemocionales son todas esas herramientas que las personas podemos desarrollar para desenvolvernos adecuadamente en una sociedad. Está comprobado científicamente que solo el 20% del éxito de una persona está determinado por los conocimientos académicos que tiene.  Entonces, ¿dónde está el otro 80%?

La respuesta es: ¡¡¡Inteligencia Emocional!!!

Cuando una persona es capaz de desarrollar habilidades “blandas” como la empatía, la confianza, el manejo de la rabia, el estrés y en general el manejo de las emociones, la resiliencia y la motivación…. tiene muchas más probabilidades de ser una persona exitosa, que aquellas que desarrollan habilidades “duras” como las matemáticas o las ciencias. Obviamente, no podemos olvidarnos de las habilidades duras, pues estas son un complemento necesario para desarrollar las actividades diarias que nos pone la vida, sin embargo  no son las más importantes.

Pero…. ¿y cómo se desarrollan las habilidades blandas?

En general, las personas aprenden habilidades Socioemocionales en el camino… cuando algo malo les pasa y se tienen que levantar; cuando entran en depresión por una situación y tienen que elegir si quedarse ahí o tomar decisiones para salir; cuando su carácter las lleva a tomar decisiones que luego las hacen arrepentirse… ahí es donde normalmente se aprende inteligencia emocional… pero, ¿es la única manera? ¿Tenemos que esperar a que algo malo nos pase para poder entender que la vida puede ser difícil?

La respuesta es: ¡¡¡NO!!!

Nosotras creemos y tenemos la firme convicción de que así como nos enseñaron que tenemos que ser “inteligentes”sabiendo de matemáticas y biología, también es importante enseñarle a las nuevas generaciones que tienen que ser “inteligentes emocionalmente”. Es decir, desde pequeños, hay que enseñarles a los niños que sentir rabia está bien, que es normal, pero que no es normal reaccionar inadecuadamente en momentos de rabia, que no es normal pegarle al compañero por un impulso, que no es normal hacerle daño a una persona, sin pensar en cómo ella se puede estar sintiendo.

Nosotras creemos que la inteligencia emocional se puede y se debe enseñar de frente. Tenemos la convicción de que debería haber una clase independiente en los colegios que se denomine “inteligencia emocional”. Tenemos que enseñarles a nuestros niños que ser empático es importante, que tener confianza en ellos es importante, que saber en todo momento que así como ellos sienten, la otra persona también lo hace, es importante.

Por estas razones,  queremos trabajar por visibilizar más el impacto que tiene aprender inteligencia emocional en nuestras vidas, reconociendo y aceptando  su importancia, para así ayudar a formar personas felices y seguras que transformarán y mejorarán  el mundo.